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Alejandro Fernández, a calzón quitado

El líder del PP catalán se mantiene firme contra quienes en Génova pretenden mantener cierta cercanía con los separatistas

Alejandro Fernández, Daniel Sirera y Alberto Núñez Feijóo.
Alejandro Fernández, Daniel Sirera y Alberto Núñez Feijóo.

El PP nunca conseguirá un respaldo significativo en Cataluña, o en el País Vasco,  mientras siga subordinando sus intereses al nacionalismo. Esta es, a grandes rasgos, la tesis de A calzón quitao. España, Cataluña y el PP, el libro presentado esta semana por el presidente del PP catalán, Alejandro Fernández, con prólogo de la diputada Cayetana Álvarez de Toledo. Un volumen interpretado en Génova como la enésima provocación del todavía líder del PP catalán, al que la dirección de Alberto Núñez Feijóo lleva años especulando con defenestrar. Aunque Fernández asegura que es un libro “escrito desde la buena fe” para ayudar a Feijóo a llegar a la Moncloa. 

Denuncia Alejandro Fernández que el empeño del PP en congraciarse con el nacionalismo antes, durante y después de cada asalto a la Moncloa está en el origen de su cada vez más frágil situación en Cataluña y el País Vasco. Y lo hace, como casi siempre, con afilada ironía: “A Alejo (Vidal-Quadras) lo ficharon por duro y lo echaron por duro, y a (Josep) Piqué lo ficharon por blando y lo echaron por blando”.

Un argumento que el constitucionalismo catalán compra con los ojos cerrados, porque la sensación de orfandad siempre ha estado ahí. Pero no acaba de funcionar como excusa electoral cuando giras la mirada hacia los bancos del PSC. Porque los socialistas, tan tutelados como los populares a la hora de someter sus intereses a los de Ferraz, han conseguido sin embargo ganar elecciones autonómicas. 

El Pacto del Majestic

Artur Mas pactó los recortes del Estatut con José Luis Rodríguez Zapatero a cambio de la retirada de Pasqual Maragall del mismo modo que Jordi Pujol acordó con José María Aznar la muerte política de Alejo Vidal Quadras a cambio de Pacto del Majestic. Un historial que no ha impedido a Salvador Illa ganar las últimos elecciones autonómicas. Ese “yerno ideal” como lo describe Fernández, gobierna Cataluña haciendo equilibrios entre los intereses de Pedro Sánchez y sus propios pactos con Esquerra, pero ha convertido al PSC en primera fuerza en el Parlament. Y lo ha hecho después de tres años de cesiones del PSOE al independentismo.

Fernández obvia este factor por la vía de concluir que Illa es un actor más del procés, ahora convertido en proceso español. El socialista ha convertido Cataluña en un   “balneario anestesiado” ironiza el líder popular. Pero advierte de que los independentistas ya no queman contenedores por el simple hecho de que “ya se lo han dado todo: indultos, expulsión del CNI, política lingüística y amnistía”.

El último paso, advierte, es la transformación de España en una república confederal por la puerta de atrás. Y añade que la Constitución no está preparada para frenar el tipo de golpe de estado que orquestan socialistas e independentistas.

¿Colaboración con Junts?

En este contexto, el gran problema del líder formal del PP catalán es la cercanía de la dirección nacional a aquellos que, en contra de sus tesis, se empeñan en convencer al PP de que tienen que colaborar con Junts. Un empeño que lideran el presidente de Foment del Treball, Josep Sánchez Llibre, o el del Círculo de Economía, Jaume Guardiola, aunque no son los únicos. 

El recuerdo de la Transición no aplica en pleno siglo XXI y tras la experiencia del 1 de Octubre, intenta recordar Fernández. Carles Puigdemont y Míriam Nogueras, como antes Laura Borràs o Quim Torra, no tienen nada que ver con Miquel Roca o Josep Duran Lleida. “Están en otra historia, no tienen ninguna intención de colaborar para progresar, quieren destruir la democracia española”.

Ciertamente es muy antipático hacer de eterno Pepito Grillo advirtiendo de los peligros del independentismo y empeñado en evitar ese “pasar página” tan ansiado por la mayoría de la sociedad catalana, que los socialistas han interpretado a la perfección. Pero también es cierto que no se puede construir un partido -el PP catalán- sometido a la aritmética y las necesidades del nacionalismo. Por eso en la calle Génova harían bien en recordar el éxito del Ciudadanos original, ese partido que nació con la promesa de dar voz a los catalanes no independentistas y consiguió 1,1 millones de votos en 2017. Más que los cosechados nunca por el PSC.  

Iva Anguera de Sojo
Iva Anguera de Sojo
Periodista especializada en política, he pasado por ABC, la Delegación del Gobierno en Cataluña y El Independiente. Ahora en el Consejo de Betevé y colaborando con diversos medios.

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