Wisconsin como ejemplo: El reciente proceso electoral en el Badger State para elegir a un juez del Tribunal Supremo estatal ha roto todos los récords de gasto, convirtiéndose en la elección judicial más cara de la historia. Aunque la cobertura mediática en Europa ha centrado covenientemente su atención en la implicación de Elon Musk en el financiamiento del candidato conservador Brad Schimel, los medios deciden pasar por alto un dato crucial: la candidata progresista Susan Crawford no solo ha gastado más, sino que lo ha hecho con una abrumadora cantidad de dinero –algo más el doble que su contricante– procedente de multimillonarios demócratas como George Soros, entre otros.
WISCONSIN: Soros-backed Susan Crawford outspend Musk-backed Brad Schimel by almost 230% with 70% coming from out-of-state billionaires. Both candidates benefited from $40 million (each) in outside spending with Elon Musk spending as much as $14 million making the race the most… pic.twitter.com/Smu9jwWHhn
— @amuse (@amuse) April 2, 2025
En total, tanto Crawford como Schimel recibieron alrededor de 40 millones de dólares cada uno en financiación externa. Sin embargo, el gasto directo de las campañas mostró una clara disparidad: Crawford gastó 22 millones frente a los 11 millones de Schimel, superándolo en algo más de un 100% –de acuerdo con los datos publicados por Axios-. La narrativa de un «Musk comprando elecciones» resulta, como mínimo, incompleta cuando se ignora el flujo masivo de dinero que favorece a los demócratas.
Wisconsin no es un caso aislado
Este patrón se repite constantemente en las elecciones estadounidenses. En las elecciones presidenciales de 2020, Joe Biden recaudó más de 1.000 millones de dólares, superando ampliamente a Donald Trump. En 2022, las elecciones de mitad de mandato también reflejaron una clara ventaja financiera para los demócratas: el 60% del total de las donaciones de grandes fortunas fue destinado a sus candidatos, con nombres como Michael Bloomberg y Sam Bankman-Fried, a parte del ya mencionado Soros, entre los principales financiadores.
Mientras tanto, la narrativa dominante en Europa continúa presentando la «injerencia» multimillonarios como un problema solo cuando apoyan a los republicanos. La realidad es que el dinero influye en la política estadounidense de ambos lados, pero en términos de cifras, los demócratas han logrado consolidar un dominio financiero sostenido que rara vez es cuestionado.