El Sindicato de Estudiantes de Madrid ha convocado hoy una manifestación para respaldar el uso del hiyab en los centros educativos públicos, después de que tres institutos de Parla limitaran su uso. La portavoz del Sindicato ha manifestado su indignación, micrófono en mano, con ese tonito hilarante que chilla hasta para denunciar zoofobia cuando pisas a una hormiga. «No queremos racistas en nuestros centros de estudios», clamaba. Parece que aún esta soporífera groupie islamista no se ha percatado de que la neutralidad en los espacios públicos libera y no oprime. Ya se sabe: la fe es voluntaria; hasta que en casa integrista una se rebela, solo entonces pasa a adquirir un carácter obligatorio.
Porque este debate siempre parte de un punto equivocado. La cuestión no es cómo hacemos para que lleve hiyab quien quiera, sino cómo hacemos para que pueda quitárselo quien lo desee. Y de esto, casualmente, nunca hablan los woke-inquisidores. Están bien entretenidos haciendo el juego a modos de convivencia de fundamentación irracional, que, en definitiva, eso son las religiones. Nuestra querida portavoz, además, en un arrebato de epicidad, rodeada de mujeres veladas, por supuesto, ha sostenido «que si son tan laicistas, que prohíban la religión católica». De nuevo, alardeando de su condición, que no es otra que la de una palurda agrandada.
Mitin de Coral Latorre, secretaria general del Sindicato de Estudiantes en la manifestación de #Parla: «yo no llevo #hijab, soy profundamente atea, pero esta lucha también es de todas las que defendemos unas aulas libres de islamofobia, racismo y machismo». 👏 pic.twitter.com/Om0eUX17Yo— Sindicato de Estudiantes 🇵🇸 (@SindicaEstudian) February 26, 2025
El laicismo es otra cosa, querida. No consiste en prohibir las creencias de nadie, sino en garantizar que no intoxiquen el terreno público, que no se adueñen de las instituciones de todos y que no busquen calibrar, de manera inexorable, nuestra vida compartida. Para colmo, la portavoz podemita de la localidad ha apoyado una concentración que «combate la islamofobia». Quizá sería mejor empezar a desterrar a analfabetos, analfabetas y analfabetes de partidos políticos y movimientos sociales. Pocos espacios hay más sectarios.
En mi casa siempre se animaba a estudiar para no pasar vergüenza; en casa de algunos parece que era a la inversa: no estudies e insulta al estudiado que te cuestione. Aunque no culpo a sus progenitores, un hijo gilipollas le puede tocar a cualquiera. Lo que no sabe nuestra ilustre portavoz, que además se creerá feminista de la corriente del feminismo velado (que suena tan incongruente como beber cerveza sin alcohol), es que detrás de sus correligionarias, probablemente a pocos metros, se encuentren los maridos de estas últimas celebrando la sumisión y brindando por más años de integrismo, amparados por niñatas que encima se creerán revolucionarias. Cómo han degenerado los soñadores de Bernardo Bertolucci…